11:58 h. Martes, 28 de enero de 2020
FILOSOFIA DE GENERO

Un comentario sobre Foucault

El pensamiento, al  menos la filosofía,  se desarrolla  ajustado a  su  tiempo de una  manera tan  sensible  que el  pensador seguramente con mas  categorías  explicativas  de  más  problemas,  sea para sus coterráneos y sus especificas  determinaciones sociales y culturales,    sino el  mejor, el que ejerce mayor fascinación,  decreciente    posteriormente aunque se mantenga vivo entre  un grupo de intelectuales legitimadores  de por vida, de  todas o  algunas de sus teorías.

Esto ha ocurrido con Sartre y  va  ocurrir, pienso yo  con casi todos los filósofos y  científicos del universo a  medida que la realidad,  infinitamente  compleja,  vaya presentando los problemas que según Marx pueden  resolverse en  cada época. 

Prof. Lusitania Martínez  |  03 de noviembre de 2014 (12:15 h.)
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Michell Foucault
Michell Foucault

Todo  va a depender del    kantiano  “espíritu de la época”,  surgirán  nuevos problemas, aunque  sabemos  que  seguirán analizándose    creadora  y  fascinantemente,    problemas  humanos  que  nunca  van a  perder  vigencia  aparejados a las  nuevas  interrogaciones,  como  son,  entre  otros,  los   de la  contingencia,  el  absurdo, la  libertad  etc.,   relativos a la  condición  humana.

En  relación  con Sartre ,  existencialista ateo,  todo el mundo sabe la  fascinación que ejerció  en  su  época y  aun  todavía, no tanto por  ateo y si  por  existencialista.  En  algún  momento Foucault  pasará de moda  aunque  no  del todo,  como  ha  pasado  con Sartre. Pese a  los ataques de posestructuralistas y postmodernos simpatizantes de Foucault  amigo del  viejo Sartre,   los dos  fenomenólogos,  son   muy referenciados   en  esta  época en  exceso anti-moderna  que  olvida muy fácil  las astucias  y las  exigencias  de la  razón  humana.  En  efecto,  no perdamos de vista que   la  oferta de  posturas  irracionales  vengan de  donde  vengan , de  Foucault,  Sartre y  de  todos los que desfilan y desfilarán por la historia de la  Filosofía,  entrarán  en  declive, o  serán  reconceptualizadas,  siempre  que  la razón no  instrumental se  convierte/a  como sabe hacerlo  en   su  propia  crítica.  De  hecho  Foucault y  cierta  postmodernidad han recibido    ricas  y también  gratuitas críticas, ignoradas  por muchos de sus adeptos,  algunos  de los cuales son  postmodernos pero no lo  saben y  otros  llegan incluso  a  profesar  aspectos de dicha  filosofía   junto  a  elementos incompatibles con   otra filosofía.Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir

Por ello,  “no  hay peor  ciego y sordo que el que no quiere  ver ni  oír “  y  ciegos y  sordos  militan  en  todas las  filas  teóricas. No es de filósofos/as,  mas   si  somos  docentes y  pretendemos orientar a la juventud,  hacer  trampas  hermenéuticas  a  menos que se ignoren  algunos temas,   y/o que    el  impúdico,  inauténtico y  arrogante   ego  nos impida  ser  humildes. En esta época postmoderna de la interpretación de textos,  algunos  hacen  hermenéutica de Foucault  y si  les  conviene públicamente,   no la  hacen de  Sartre  y  sus   teorías como las  de la libertad  y  de  la  historia. La  expresión  sartreana  “estamos  condenados a ser  libres”  solamente  de  forma  aparente,  si  no  se  profundiza,  se hace tributaria de la  inaceptable  libertad  absoluta,  así  como  solamente atendiendo a una fase del pensamiento  existencialista sartreano,  creemos que en  Sartre,  todos  los proyectos existenciales  son  iguales;  por lo que  resultan  con  el mismo  valor y sentido,  tanto  ser   “ un alcohólico  que  un  conductor de la nación”. Parece  ignorarse  que  más tarde a la publicación de “La  Nausea”  y  sobre todo a  partir de la inacabada “Critica de la  Razón Dialéctica”  donde  plantea  una  concepción  de la historia  no totalmente marxista  y  también en los  últimos escritos y  entrevistas de  Sartre, este  genio del  cogito prereflexivo, bebedor como Foucault de la fenomenología que nos  lleva de  “vuelta a las  cosas”, admitió  con  nuevos  argumentos propios,  y  sobretodo  ofrecidos  por la destacada feminista,  su  compañera Simone de  Beauvoir,  admitió  repito,   que  la  libertad  se  vive  “en  situación”, es   decir,  que  somos  libres pero “en  situación”,  significando,  que desde  una  existencia  que se  existe  y  se  vive   como  “totalidad  de  sentido”, no  somos  siempre  igual y absolutamente  libres,  pues  nos  las  habemos,   especialmente  las   mujeres  y  otros  grupos   marginados,   con     opresiones infligidas  y  opresiones asumidas de  “mala  fe”, las  dos un mal  moral, y  también  una  violencia  ontológica.  Una  violencia,  aclaremos,   al “ ser  ahí’”, porque impide que    la  conciencia o  “para sí” , en su  camino  intencional hacia  el  mundo y  hacia  el  “en sí”,   no  cumpla  adecuadamente con   su  ontológica  tarea  de   poder elegir  ser  libertad/ proyecto y opte por la inmanencia igual que  el ser   de una  piedra o  cosa. Decía que la  concepción sartreana de la historia y  de  las  ideas, no es marxista  ni  positivista.  Sartre   asume el  análisis de la  biografía  y de la  época y  que la  experiencia de  “lo   vivido”  si  bien tiene  reparos al  inconsciente  sobredeterminado en un  Foucault  lacaniano,  no  menos  cierto  que en  el  existencialista,  la existencia es  prereflexiva ,  ya que  la conciencia o “ para sí”,  conciencia de  algo,   “es lo que no es y  no es lo que es”,  no  se  mira  directamente  sino a través de la  existencia,  conciencia   intencionalidad  o  apunte hacia  el  mundo.   Sin  embargo  la   propuesta  de  Sartre   cual  moderno   todavía  es cogitante  como  tiene que ser,  pues  no  debemos  ni  podemos  trasladar tampoco  la  racionalidad  absoluta a la  existencia.    Son   famosas las  aplicaciones  del  método  regresivo/progresivo de  Sartre  a  su  amigo  Genet,  un  hombre que de niño/joven  fue  un  delincuente y posteriormente se  convirtió’  en el  poeta  maldito  más  famoso  y  de  calidad  en  Francia. Con  el  mismo  método  Sartre  emprendió el grandioso,  voluminoso  e  inacabado  estudio  de  Flaubert  y  su madame  Bovary. Así que  la teoría de la “libertad absoluta” a la que se refirió’ Sartre,  en  clave  hermenéutica alude a   esa capacidad  del  sujeto  moderno  de conservar sublevado a una  parte  de  si, de su subjetividad,  inmune al sometimiento  de ningún poder, a  no  dejarse manejar  como  efecto de  ninguna  determinación,  ya sea el  lenguaje, o los discursos  del  poder dominante, y  que por el  contrario,  sea   capaz  de  asumir y/o  rechazar  críticamente  las  normas  impuestas.  Yo  interpreto  la  “libertad  absoluta” como el  propio  Sartre  planteo  en  su  San  Genet,  como  esa  capacidad del  sujeto  de  hacer  de  él  otro  sujeto   distinto al  que   la  sociedad  ha  hecho. Más claro,  no  puede  ser  y  esto cada quien lo  sabe y  acepta  en  su  recóndita  intimidad. ¡!!Que’  pena que   a  veces, el   chauvinismo  sumado al machismo imposibilite la orientación a los  jóvenes y  que  todos/as  las  cabezas  se  expresen  precisamente  con libertad,  existiendo  en el país  y  en  la  UASD,    personas  con  un pensamiento  propio!.

El  pensamiento mío  es promoderno  y  lo  seguirá  siendo  siempre  y cuando  serlo  signifique constituir  un  sujeto  verosímil que  apueste  todavía a interpretar  en  claves  totalizadoras  a la  historia, siendo  el parte  protagónica del impulso  racional y emancipador  de la humanidad y  de la  desalineación  de  cualquier  tipo.  El  existencialismo  sartreano,  con Simone a la cabeza  y las  feministas que la  siguen,  no  están de  acuerdo  con el  sujeto  cartesiano  de la modernidad, menos  con su  dimensión  patriarcal,  capitalista, racial etc.; quieren otro  sujeto racional  aunque  verosímil,  reconstruirlo no  desconstruirlo  derridianamente  dando muerte a  todas las  categorías que respiren universalidad.    La  postmodernidad es a mi juicio una crisis más de la modernidad que tiene además de la vertiente instrumental una vertiente emancipadora que hay que recuperar   permanentemente según los afanes de Habermas. Eso implicaría incluso  incorporar  más y nuevas categorías de pensamiento  como lo  hizo en su momento  Foucault de quien se han servido  todos los  feminismos  según  sus  fundamentos teóricos, incluido el  que  suscribo, haciendo  sus reflexiones  más  productivas, a él    más famoso  de la  cuenta,  puesto que para  nadie es un secreto su  desinterés  explicito y  comprensible por el universo de las  mujeres.