23:31 h. Martes, 19 de noviembre de 2019
FILOSOFIA

¿A los cuantos días, semanas o meses comienza a ser humana la vida que se gesta en el vientre de una mujer?

A las cuantas horas, días, semanas o meses comienza a ser humana la vida que se gesta en el vientre de una mujer.

Esta pregunta recibe respuestas muy variadas dependiendo de la orientación ideológica, política, cultural, religiosa o formación académica. La más popular en el medio social dominicano es la promueven los adeptos y simpatizantes de la religión cristiana, en sus diferentes denominaciones. Básicamente afirman que la vida es humana desde el momento mismo del acto de la concepción. Detrás de esta afirmación está el supuesto metafísico de que Dios es el dador de la vida y que el embarazo no es un actos fortuitos que ocurre por la mera casuística de la unión del esperma del hombre con el ovulo de la mujer. Según ellos nada ocurre en el universo sin la voluntad de Dios.

Prof: Eulogio Silverio  |  26 de diciembre de 2014 (05:40 h.)
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Como podrán apreciar no existe forma de rebatir  estas afirmaciones en tanto ellas rebasan los límites de la razón y se internan en los sentimientos y creencias de los individuos que asumen esta visión.

Otros grupos afirman que la vida es humana a partir de las 22 semanas de gestación, cuando ya se han formado los órganos más importantes en el embrión. También tenemos posturas mucho más radicales que afirman que solo se puede hablar de vida humana cuando el individuo es consciente de sí mismo, de su entorno y se ha socializado en una cultura que le aporta los valores que lo hace tal.

La verdadera naturaleza humana es la cultura

Esta afirmación parte de la idea de que no nacemos humanos, sino que nos hacemos humanos mediante un proceso de socialización que nos enseña los valores que nos harán humanos. Se afirma que la cultura es la verdadera naturaleza del ser humano. Horacio Quiroga en la “La gallina degollada” ilustra la situación cuando presenta el caso de cuatro enajenados mentales que degollaron a su hermanita, imitando el acto de degollamiento de una gallina que habían visto.

Cuando analizamos los eventos narrados por Quiroga, concluimos por obligación que la acción de los enajenados no puede ser juzgado como un acto humano, porque carece de intensión y finalidad, en tanto los enajenados están faltos de una conciencia cognitiva que le permitiera saber la importancia y trascendencia del acto que estaban realizando. No existe en ellos una consciencia moral que le permitiera saber y cuál es el respeto y el cuidado que nuestra cultura le dispensa a la vida de nuestros congéneres, máxime cuando son cercanos.

 

Una paradoja

Si seguimos la misma lógica para analizar la situación planteada por el director de cine Steven Spielberg en la película “Inteligencia artificial”, donde nos cuenta la situación que se produce en una sociedad del futuro que logró crear inteligencia artificial y la depositó en un niño-robot de 12 años, con conciencia de sí mismo y de su entorno, capaz de distinguir entre el bien y mal, enamorado profundamente de las personas cercanas, creador artístico, capaz de sufrir con las situaciones adversas que se les presentaban, que entristeció hasta lo indecible al verse abandono por su madre, que sintió odio frente al hermanito que lo maltrataba y le robaba el cariño de su madre, que vivió momentos de profunda felicidad cuando recuperó a la madre, que buscó respuestas a las preguntas fundamentales de su existencia, quién soy, de dónde vengo, para dónde voy, quién es mi creador, cuál es mi finalidad en la vida, cuál es el sentido de mi existencia. Estaríamos obligados a concluir que por  las mismas razones que negamos la humanidad de los enajenados de la “Gallina degollada” estriamos obligados a reconocerla en David, el niño-robot supraindicado.