FILOSOFIA

El precio de la libertad

Eulogio Silverio  |  10 de noviembre de 2014 (12:09 h.)

La situación que se presenta actualmente en nuestra comunidad no es nueva y pienso que no será la última vez que se presente. La masiva entrada de correos es una expresión de lo que es nuestra Universidad, refleja la realidad de lo que somos, ciertamente, jamás y bajo ningún concepto, el estado ideal de lo que debe ser. Aunque esta es una buena pregunta filosófica, ¿qué es, el estado ideal de lo que debe ser?, ¿cuál de nosotros está en capacidad de definir el estado ideal del ser?

Seguramente, la mayoría pensará que el moderador del espacio debería saberlo y quizás tienen razón, pues tal y como dice Platón el ignorante se persuade a sí mismo de que es sabio,  pero si algo me ha enseñado la filosofía, es que no existen verdades absolutas dignas de ser tomadas muy en serio, sobre todo por una persona que pretenda haber alcanzado superado la minoría de edad de la que nos habla Kant.

Desde siempre los seres humanos han luchado y lucharan por la libertad, otro concepto enormemente problemático, pues en realidad resulta imposible alcanzar libertad plena, si hemos decidido convivir con los demás. Recuerdo en este momento la obra de teatro de Jean-Paul Sartre, “A puerta cerrada” cuando en el acto final, los tres personajes que están encerrados en una habitación, que ellos suponen, es la antesala del infierno, donde esperan impacientes ser conducidos para recibir castigos atroces, pero finalmente se dan cuenta que cada, que siempre habían tenido el infierno frente a sí, pues cada uno de nosotros constituye el infierno del otro. “Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído... ¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla... ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los Demás.”

Finalmente quiero hacer mías las palabras del Profesor Juan Bosch cuando dijo, que en su gobierno no perecería la libertad. Este espacio permanecerá abierto, para todos lo que han cumplido con el requisito hacerse responsable de las ideas y opiniones que emiten. Sin embargo, eso no nos hace olvidar que la democracia griega comienza con el ostrakismos, es decir, en esas conchas se escribían los nombres de los ciudadanos que alguien quería fuera desterrado y se hacia una votación.

¿Quién se anima a proponer un nombre?
Pero antes de proponer esos nombres recuerden el ensayo de José Flete Morillo titulado “El árbol de los sueños”, no resulte que nos quedemos sin árbol.
 
Prof. Eulogio Silverio
Administrador

 Fente: www.generationova.com  

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