FILOSOFIA

El aspecto físico del que viven pobreza extrema y el enajenado mental

Eulogio Silverio  |  16 de noviembre de 2014 (21:42 h.)

Estaba echando Gas Natural en la bomba Isla del frente y al regresar veo en la isleta a este pobre hombre que de primera impresión me pareció un loco, pero al detenerme para observar más de cerca su cara, advierto que existe en su rostro una mirada atenta y consciente de todo lo que pasa en su entorno.

En aquel momento recordé algo que señala Amartya Sen que le sucedió en la India, con un señor musulmán, que él había tenido como loco durante su niñez y que posterior a sus estudios de economía en la universidad, descubrió, que simplemente era un hombre pobre, padre de cuatro hijos, que dadas las condiciones materiales de existencia en que vivía, tenía que recurrir a realizar cualquier tipo de trabajo o echar mano de cualquier medio disponible para sobrevivir.

Así ocurre generalmente con la gente pobre, por el tipo de comportamiento que exhiben, por el tipo de trabajo y los riesgos que corren para sobrevivir son tenidos por locos por la población general. Este razonamiento de la población no deja de tener su lógica. En primer lugar porque el aspecto físico del que viven pobreza extrema y el enajenado mental resultan similares y en segundo lugar porque esta explicación tranquiliza a nuestra conciencia que desea inquietarse preguntándote si es justo que tu permanezca indiferente frente al hambre que padecen las personas que viven en tu ciudad. De modo, que tomar la locura por respuesta es inteligente porque así nos quitamos un gran problema de encima.

Esta salida además de ser inteligente es un acto de mala fe, en el sentido sartreano, pues como todos sabemos la necesidad de normas morales surgen frente a la mirada del otro. El otro es alguien igual a nosotros, que juzga todas nuestras acciones, que frena todas nuestras ansias de libertad, que nos impone una mirada ética. Y si logramos quitarle al mendigo, al hambriento, al pobre su otredad, no existirían cargos de conciencias, ni remordimientos, ni llamados al deber ser.

Es por eso que resulta interesante preguntarse objetivamente, si es posible mantener valores morales viviendo en situación de pobreza extrema o indigencia total. Si concluimos que son portadores de valores morales, con cuáles valores debemos juzgar las acciones de aquellos que viven en situación de pobreza extrema, con los valores de una sociedad que ha permitido con su indiferencia que se degraden hasta el punto de causarnos dolor y vergüenza o deberíamos juzgarlos por los valores que surgen de aquellos que están  sometidos a una fuerza irresistible. Sobre todo teniendo presente la afirmación de Kant, de que cuando un individuo no puede oponerse a una fuerza irresistible la acción se le impone. Dicho de otro modo, no hay valores allí. 

En 1998 mientras realizaba un curso monográfico sobre la ética kantiana, con el Prof. Tomas Novas descubrí que ninguno de los modelos éticos elaborados hasta entonces por la tradición filosófica occidental daba respuesta al problema en cuestión. Pienso que la ausencia de teorización sobre los valores morales en las personas que viven en pobreza extrema se debe a que este es un problema nuevo.

Para responder a estas preguntas tenemos que establecer cuáles son las condiciones sine qua non, que proponen los autores clásicos para que una acción tenga valor moral.
a) — que el sujeto que realiza la acción tenga consciencia plena de lo que hace,
b) —  que la acción sea el producto de una voluntad libre,
c) — que la acción el individuo la realice dentro del marco de una comunidad de valores que les sirvan de referencia,
d) — que el individuo posea los medios materiales para obrar moralmente,
e) — que la acción tengan una intencionalidad que trascienda los actos meramente instintivos.
Como podrán observar, el individuo objeto de nuestro análisis cumple con la condición a), pues tiene conciencia de lo que hace.

Pero no podemos estar seguros de que el individuo que vive en pobreza extrema obra de acuerdo a una libre voluntad, más bien pensamos que está sometido al imperativo biológico de la sobrevivencia.

 Sobre la condición de que la acción el individuo la realice dentro del marco de una comunidad de valores que les sirvan de referencia, tampoco podemos estar seguros que los valores que surgen dentro de los grupos que padecen pobreza extrema tengan una finalidad superior a la propia sobrevivencia.

En cuanto al punto d) de que el individuo posea los medios materiales para obrar moralmente, sabemos que no posee ningún medio que le permita elegir algo distinto a la satisfacción del imperativo del momento saciar el hambre.

Sobre punto e) que la acción tengan una intencionalidad que trascienda los actos meramente instintivos, podemos decir que según las observaciones que hemos realizado, uno de los problemas mayores del que vive en situación de pobreza extrema es que pierden la capacidad de planificar, de visualizar el mañana, de ahorrar, es como si su capacidad no le permitiera ver un poco más allá del momento presente que viven, lo cual los acerca bastante a la condición animal.

Prof. Eulogio Silverio
Fuente: www.generationova.com

Hemeroteca