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POLITICA

Dessaline sanguinario genocida

Eulogio Silverio  |  27 de septiembre de 2011 (15:25 h.)
Deguello de moca
Deguello de moca

Recientemente la comunidad nacional fue sorprendida por la noticia de que un grupo de asociaciones haitiana se disponían a utilizar las instalaciones del auditorio Manuel del Cabral, de la Biblioteca Central Pedro Mir de la UASD, para realizar un homenaje al sanguinario genocidaJean-Jacques Dessaline, héroe nacional de la independencia haitiana. 

Nación dominicana sorprendida

Sorprende a la nación dominicana el nivel de entreguismo o ignorancia de nuestro pasado histórico con que actuaron las autoridades de la UASD que se atrevieron a facilitar las instalaciones de la Universidad del pueblo y la nación dominicana para fines, a todas luces contrario a sus intereses.

 Resulta penoso autoridades de la UASD

Resulta penoso que las autoridades de la UASD que están llamadas a ser fanal de luz y conciencia de la patria, sigan avergonzándonos a todos con decisiones tan poco juiciosas, populistas y apresuradas, todo en nombre de una supuesta solidaridad mal entendida hacia el pueblo haitiano, que en el fondo muestran su resentimiento social hacia la patria que deberían amar y defender.  

 Nota publicada por Laura Gil

Agregamos a esta nota la versión del intelectual haitiano Jean Price-Mars sobre degüellos de Jean-Jacques Dessalines en Moca y Santiago en marzo de 1805.

“Para Dessalines, la gente de Santo Domingo se asemejaba a los blancos franceses, sus sempiternos enemigos. Y se empeñó en mostrarles el vigor de su puño”. Jean Price-Mars


Por Dr. Jean Price-Mars (Doctor en medicina, etnógrafo, pedagogo, filósofo, ensayista y escritor haitiano). De su obra titulada “La República de Haití y la República Dominicana. Diversos aspectos de un Problema Histórico, Geográfico y Etnológico”

“La retirada del ejército haitiano (de Santo Domingo, en 1805) fue uno de los episodios más dramáticos y sangrientos de una dramática y sangrienta historia. Incendios de chacras, destrucciones de ganado, fusilamiento de rehenes, apresamiento de mujeres y niños, la brutal transferencia de los mismos al Oeste (rehenes-prisioneros de Santo Domingo hacia Haití), detrás del ejército; nada faltó a tan triste cuadro de inútiles horrores. Para Dessalines, la gente del Este (Santo Domingo) se asemejaba a los blancos franceses, sus sempiternos enemigos. Y se empeñó en mostrarles el vigor de su puño, según la amenaza formulada en su proclamación. Aquellos eran el enemigo y él la venganza.

De lo más hondo de su alma bárbara surgió el resentimiento, ese residuo primitivo del instinto de lucha y de defensa, cuyo germen había crecido en su subconciencia desde los días lejanos en que la impalpable sustancia había  sido depositada en el antepasado negro que, perseguido por los cazadores de hombres en la  selva africana, fue llevado a Santo Domingo (Saint-Domingue, Haití) para servir de base a la fortuna colonial, cuyos cimientos poco sólidos eran la injusticia, la vergüenza y el crimen.

Y él, Dessalines, encarnaba, por decirlo así, una serie de víctimas mudas, sobre las cuales la barbarie de los tiempos había edificado la superioridad de una categoría de hombres. Y a la sazón había brotado como una llama devastadora para irradiar el sentimiento de venganza y devorar a los opresores y aun a los hijos de los opresores, de tal suerte, que semejante raza desapareciera de la tierra depurada.

Con el júbilo delirante ordenaba entonces el exterminio de los blancos y de los que consideraba tales –si no por el color por los sentimientos-: negros o mulatos.

Eran el enemigo y él el resentimiento.

 Y, por otra parte, no podía ni siquiera comprender que el movimiento de exterminio de los  blancos en la tierra de Santo Domingo (de Saint-Domingue, Haití) durante los años que siguieron a la proclamación de la independencia (en 1804), de la cual se sentía el apóstol, no suscitara entusiasmo entre todos aquellos que acababan de librarse de la esclavitud. Era ésta, según él, la medida más eficaz para inspirar a los franceses y a los blancos, en general, el horror y el miedo de volver como conquistadores en semejante país (Haití). Fue ésta, por consiguiente, la razón por la que quiso que la responsabilidad de una matanza colectiva recayera sobre todos.

A ese respecto, ha sido consignado el significativo concepto que salió de sus labios después de la matanza general (de blancos franceses en Haití) ordenada en Marzo de 1804. ““Hay mucha crueldad en lo que estamos haciendo –decía-. Es necesario, sin embargo, para que se afiance nuestra independencia. Quiero que el crimen sea nacional, que cada uno empape su mano en sangre, que los débiles y los moderados, a quienes brindamos a pesar suyo la felicidad, no puedan decir un día: No hemos participado en esas fechorías, es Dessalines, Jean Jacques, el bandido, el verdadero responsable. ¡Qué me importa el juicio de la posteridad sobre semejante medida que la política hace necesaria si salvo a mi país””.

De tal suerte la embriaguez de la sangre resultó algo así como una psicosis colectiva que afectó a toda la comunidad. La liberación de los oprimidos y el exterminio de los opresores simbolizaron la misión salvadora que el Destino había asignado a Haití y a sus conductores ¿Debemos sorprendernos, pues, que en esas condiciones y a raíz del fracaso de la campaña del Este (Santo Domingo), Dessalines y sus generales se creyeran obligados a ejercer algo así como represalias contra todas las poblaciones del territorio oriental (Santo Domingo), a las cuales acusaron de complicidad en la resistencia opuesta a sus propios designios por los defensores de la plaza?

 Estaban profundamente convencidos de que ese territorio, tal como se hallaba constituido –vasto y muy poblado-, era un incentivo para los conquistadores extranjeros, una cabeza de puente muy ventajosa para los eventuales invasores (franceses).

Como los pueblos que allí vivían estaban asociados con los más feroces adversarios de
aquéllos, por ese sólo hecho resultaban cómplices de una acción criminal y merecían, según aquellos mismos, el más implacable de los castigos.

Eran el enemigo y Dessalines la venganza y el resentimiento.

Fue la razón extrema la que decidió su actitud inhumana con respecto a las pobres víctimas de la campaña del Este (Santo Domingo).

¡Qué importa lo que la posteridad pensara de su conducta, del papel desempeñado y de su propia misión! Su único propósito era liberar a su pueblo y defender con todos los medios en su poder semejante liberación. Lo hizo despiadadamente y asumiendo la total responsabilidad de sus actos”.

Notas:

El texto precedente fue transcrito del libro “La República de Haití y la República Dominicana. Diversos Aspectos de un Problema Histórico, Geográfico y Etnológico”; Tomo I. Escrito por el intelectual haitiano Dr. Jean Price-Mars. Colección del Tercer Cincuentenario de la Independencia de Hatí. Puerto Príncipe, 1953, Páginas 97-100. Las notas explicativas en paréntesis son de la web Orbe Quince. Publicación especial para Cristal y Colores, de Santo Domingo, República Dominicana.

Cortesía de Orbe Quince.

Jean Price-Mars fue Doctor en medicina, etnógrafo, pedagogo, filósofo, hombre de estado, ensayista y escritor haitiano nacido el 15 de Octubre de 1876 en la Grande Rivière du Norde (Haití) y fallecido el 1 de Marzo de 1969 en Pétionville (Haití).

Dicho libro fue publicado originalmente en francés en 1953. Se ha dicho que esta voluminosa obra representa un verdadero hito en el estudio de las espinosas relaciones entre Haití y la República Dominicana. Sin embargo, durante la dictadura de Rafael L. Trujillo (1930-1961) era virtualmente desconocida en la República Dominicana; sólo unos pocos intelectuales privilegiados (trujillistas, obviamente) tuvieron acceso a ella. Luego de la caída de Trujillo, tanto la edición en francés como su traducción en español continuaron siendo piezas de coleccionista

 Fuente: www.generationova.com

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