00:26 h. jueves, 22 de octubre de 2020

FILOSOFIA

¿Qué es la conciencia?

Prof. Eulogio Silverio  |  01 de diciembre de 2014 (05:51 h.)

Recientemente el Mtro. Félix Sención invitó a los filósofos a responder algunas preguntas sobre el tema de la conciencia. Las cuestiones planteadas eran las siguientes: ¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se manifiesta? ¿La conciencia mata?

Supongo que al invitar a los filósofos a responder estas preguntas, se refería a los profesores de Filosofía, que groso modo, suelen ser lo menos filósofos, salvo honrosas excepciones.

Dándome por aludido en mi condición de profesor de esta asignatura y amante de la Filosofía, paso a responder las preguntas.

¿Qué es la conciencia?

Se advierte en la pregunta del profesor que asume la conciencia, como una entidad única, universalmente válida para todos los seres racionales, provista de unos valores metafísicos.

En primer lugar al hablar de conciencia debemos tomar en cuenta que existen diferentes tipos de conciencias. Conciencia cognitiva, conciencia moral, conciencia política, conciencia cultural, conciencia artística, entre otras.  

La conciencia cognitiva es la que nos permite tener conciencia del mundo y de nosotros mismos. Según Sartre  “la conciencia es lo que no es, y no es lo que es”. Según esta visión la conciencia estaría formada por las imágenes e impresiones de los objetos exteriores que se reflejan en nuestro interior, pero esas imágenes e impresiones de la realidad exterior, no están en nuestra conciencia.

Conciencia moral

La conciencia moral es la que permite a los individuos distinguir, juzgar y legislar sobre el bien y sobre el mal. El concepto del bien y del mal en sí mismos, carecen de contenido. No existe ni el bien ni el mal en sí mismos. Cada cultura, cada grupo ideológico y cada comunidad definen como quiere, de acuerdo a sus intereses particulares o visión del mundo, lo que es bueno y lo que es malo.

Dice Emile Durkheim “En otros términos, no hay que decir que un acto hiere la conciencia común porque es criminal, sino que es criminal porque hiere la conciencia común. No lo reprobamos porque es un crimen sino que es un crimen porque lo reprobamos…” 

Resulta tarea inútil tratar de buscar valores universalmente validos para todos los seres racionales, como pretende Kant. Cada grupo, cada cultura y cada época define que es lo bueno y lo qué es malo.

Para los musulmanes resulta una práctica  moral, legal y racionalmente aceptada, casar niñas de siete y ocho años con hombres adultos mayores de 40 y 50 años, mientras que para las sociedades occidentalizadas estas prácticas  resultan contrarias a la moral, a la razón, a las leyes y a las buenas costumbres. Para nosotros, resulta tan aberrante dicha práctica  que no podemos creer que un hombre mentalmente sano encuentre algún placer en este asunto.

Evidentemente la conciencia moral del sujeto, responde a los valores del grupo que lo ha formado. Un musulmán que tiene a Mahoma, como la figura de mayor autoridad moral y religiosa de su cultura, el Profeta que recibió directamente del supremo y único Dios verdadero, Alá, las sagradas leyes escritas en el Corán, no pensara nunca que es malo casarse con niñas de siete o nueve años, cuando aprendió desde pequeño que el Profeta casó con Aisha cuando esta tenía seis años.

Lo mismo ocurrirá al individuo cuya conciencia moral ha sido formada en una ideología política que le ha enseñado que las causas de la revolución son legítimas y necesarias para librar a la humanidad, a su pueblo o a su cultura de una serie de males.

Cuando este sujeto identifica las tareas que debe llevar a cabo para lograr los supremos objetivos que se ha propuesto, percibirá como moral todas acciones y daños colaterales que generen sus acciones.

Se cuenta que el General Gregorio Luperón en la guerra de la Restauración de la República entró al campo de batalla con una espada llena de oxido y cuando salió, la espada espejeaba con el sol, de las tantas veces que la entró y la sacó en el vientre de los españoles.

De esa batalla salió, para nosotros, el más grande de los héroes de la Restauración. Pero suponemos que los españoles contaran la historia de un moreno salvaje, carnicero que entró al campo de batalla y parecía que tenía al diablo metido en su interior porque disfrutaba bañarse con la sangre de los nobles e inocentes hijos de España.

Si los espales hubiesen atrapado a Luperón lo condenaban como a un criminal peligroso, un ejemplo de salvajismo y de lo que no debe ser. Pero resulta que para los dominicanos este mismo señor es nada más y nada menos que uno de nuestros padres de la patria. Este hombre que, en otro contexto, debería ser tenido como un loco, homicida y carnicero, es presentado a los niños en las escuelas, de manera obligatoria, como el modelo de hombre que necesita la patria en los momentos difíciles.

¿Es la moral una especie de convicción personal que tenemos sobre nosotros y el mundo?

Si la moral pertenece a los grupos, como expresó Aristóteles al afirmar que “una sola golondrina no hace verano, como no le hace un sólo día hermoso”. El ser humano es un animal político,Zoon politikón, un ser que se construye frente al otro. Por vía de consecuencias, la moral no podría ser una especie de convicción personal.

En este sentido, autores, como el filósofo español, Gustavo Bueno, expresa la moral es social y que la ética es personal. Otros expresan que lo individual es la moralidad, es decir, el grado de cercanía o pureza con que un individuo asume los valores de su grupo. Por ejemplo, un matrimonio evangélico, tiene tres hijas. La iglesia prohíbe que las mujeres usen pantalón como prenda de vestir. La mayor interpreta que esta norma prohíbe el pantalón en cualquier circunstancia y no lo usa, ni siquiera debajo de la falda.

La segunda, decide usarlo, para estar en la casa, ir al colmado y debajo de la falda cuando sale de la casa, pero no asiste a la iglesia con ellos. La más joven decide usarlo en todas las ocasiones a excepción cuando va para la iglesia.

¿Por qué una persona puede actuar contrariando su conciencia?

La pregunta interesante aquí es saber cuáles son los elementos que nos llevan a concluir que un individuo actúa contrario a su propia conciencia. Tenemos las evidencias de que este sujeto sufre moralmente por las cosas que hace, cuáles son los indicadores de tal situación.

Podría ser que por error, el maestro Sención entienda que este sujeto debería actual como él actuaria de acuerdo al dictamen de su conciencia. Pero como ya explicamos, la conciencia de cada individuo responde a los valores que la formaron. La conciencia moral del ladrón no siente remordimiento, ni pena cuando ve al que perdió la propiedad con los hijos muertos de hambre, piensa por el contrario que el tipo es un tonto por haberse dejado robar.

Recuerdo caso de un delincuente del barrio el Maguito en Villas Agrícolas, que atracó y mató a un profesor, muy conocido en el barrio y cuando se le preguntó al imbécil sobre los motivos que había tenido para matarlo, respondió que él salió esa madrugada y dijo que atracaría al primero que pasara y él fue que pasó.

-Pero tú lo conocía. –sí pero que andaba buscando a esa hora en la calle.    

¿La conciencia mata?

Volvemos a lo mismo, la pregunta debió ser formulada de manera más específica. De qué conciencia hablamos, de la conciencia moral, de la conciencia religiosa, de la conciencia política, de la conciencia cognitiva.

Tal y como señala el maestro Tavarez, el cargo de conciencia moral puede llevar a un individuo a un sufrimiento tan extremos que decida auto aniquilarse.

La conciencia religiosa, por igual lleva a algunos individuos a un estado de enajenación que los conduce a la muerte, por diferentes vías, el suicidio, la guerra para defender sus creencias o simplemente la inmolación.  

Igual efecto podría producir la conciencia política. La historia está llena de casos de hombres que ofrendaron sus vidas en pro de hacer triunfar unos ideales. Está el caso de Ernesto Guevara, el Che, Francisco Alberto Caamaño, Amín Abel Hasbun, Orlando Martínez.

Paradójicamente todo estado de conciencia que nos lleva a la muerte, ocurre bajo el supuesto de que con ello defendemos la vida o más bien el sentido de la misma. El che murió porque amaba profundamente la vida y la libertad de los pueblos. Pero la conciencia del Talibán que le disparó a Malala, la joven que en medio de aquella sociedad teocrática proclamó el derecho a la educación de las niñas de Pakistán, está tranquila porque obró correctamente al tratar de eliminar a la  pequeña infiel, que con su atrevimiento de pedir educación para las niñas, pretendía desconocer la sabiduría divina que ha establecido claramente lo que deben hacer hombres y mujeres en esa sociedad.

Puede la conciencia aconsejarnos hacer lo incorrecto.

En cierta ocasión me llamó un profesor desde Higüey para preguntarme que si la conciencia podría aconsejarnos hacer cosas malas. Para esta pregunta solo existe una respuesta posible. No. La conciencia siempre aconseja hacer lo correcto. ¿Y por qué la gente hace cosas malas? Podrían existir muchas razones. La primera que se me ocurre es que decidió no hacerle caso a la razón. Eso ocurre con frecuencia. La conciencia nos dice eso está muy malo, no haga eso verdugo, colocaste en el lugar del otro y piensa si te gustaría que te ocurra a ti, y de todos modos usted sigue pa’ lante.,

La salsa de Gilberto Santa Rosa, titulada “La conciencia” nos plantea el conflicto moral de un donde un hombre de 50 años perdidamente enamorado de una muchacha de 20. Según los valores de su conciencia, esto no debe ser, porque ella podría ser una de sus hijas y no le gustaría que alguien de su edad haga lo que él quiere hacer con la hija de otro.

Finalmente el hombre siguió sus instintos y se olvidó de los reclamos de la conciencia. Sin embargo, no puede alegar que la conciencia le aconsejó hacer lo incorrecto. Lo que nuestra conciencia aconseja, siempre es lo correcto, a menos que sea una conciencia enmascarada, mentirosa, de mala fe.

El musulmán que se casa con una niña de siete o nueve años no está haciendo nada malo frente a su conciencia. Para un dominicano admitir que tuvo o que desea tener sexo con una niña se seis o siete años hay que matarlo, pero este señor se presenta en público con su esposita y defiende frente a los tribunales el derecho que tiene a serlo.

 

Niña yemeni de 11 años prefiere la muerte antes que casarce a su edad y por la fuerza.

Como dato curioso, les diré que la familia del hombre también lo apoya y que el juez le dio ganancia de causa, al decidir que el matrimonio era legal y legitimo, apoyado además por las leyes divinas.

Nos imaginamos a los cristianos del patio defendiendo este tipo de matrimonio en el hipotético caso de que el señor Jesucristo se hubiese casado con una niña de seis años, como hizo el profeta Mahoma.    

 

Hemeroteca