12:01 h. Martes, 28 de enero de 2020
FILOSOFIA

La vida, la muerte y el trabajo inútil.

Cuanta la tradición que “Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.” Albert Camus

Eulogio Silverio  |  10 de noviembre de 2014 (12:57 h.)
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Aun hoy podemos ver su cuerpo tenso y sudoroso por el peso que soporta. Al final del día, al verle llegar a la cima de la montaña, nos ilusionamos con él, porque su esfuerzo al fin es coronado con el éxito, pero justo allí, en el momento en que termina de subir su pesada carga, observamos cómo esta cae nuevamente hasta el fondo del precipicio.

Camus dice que los seres humanos que recuren al suicidio, es porque un día despiertan y no le encuentran sentido a sus vidas. Es por esa razón observamos a todo mundo ocupado en actividades diversas, tratando de evadirse la angustia que le provoca el absurdo de la existencia. 

Sísifo, contrario al ser humano, vive de manera autentica, al reconocer y asumir  el absurdo de su existencia, sin tratar de evadirse a través de los placebos religiosos, la conciencia de esta realidad hace que su existencia sea terriblemente azarosa. Sin embargo, él, a pesar de su desgracia, tiene una ventaja en relación a nosotros, pues ha decidido vivir a pesar del absurdo. En cambio, el ser humanos recurre a la conducta de mala fe, mintiéndose a sí mismo, tratando ver el supuesto sentido que tienen todos sus afanes, trabajos y esfuerzos.

Esta conciencia de mala fe es lo que le obliga a construir ilusorias y pueriles soluciones que tranquilicen su espíritu de niño asustado. El ser humano busca la felicidad en la ignorancia y en la vida inauténtica. Este hombre absurdo celebra cualquier estupidez de su vida, para evadir la angustia que le provoca la tragedia del otro.

Su estulticia le permite breves instantes de lucidez y llega a sospechar, que el absurdo, tal y como ha ocurrido en su prójimo, también podría acontecerle, pero lamentablemente este sublime momento de lucidez le es arrebatado, por un coro de voces absurdas que les invitan a tener fe en el señor, pues en Él, todo tiene un propósito y él no es un insignificante para cuestionar estos propósitos. Este coro resulta ser tan estridente que a la pobre bestia, embrutecida no le queda otra opción que inclinar la cabeza y dar gracias Dios, porque le ha desgraciado la vida. 

Cuando recibimos noticias tan absurdas como la muerte de la profesora Rosa Elena Pérez de la Cruz, no podemos hacer otra cosa, más que reconocer, lo absurdo de nuestra existencia, pues, su muerte confirma una vez más, que todo es esfuerzo inútil y un correr tras el viento. Ella al igual que todos, comenzó desde muy joven a realizar grandes esfuerzos para construir un proyecto, en su caso,  logrando los más altos grados de la formación humanística, pero al igual que Sísifo y todo ser consciente de sí, cuando por fin logró subir su pesada carga hasta la cima de la montaña y ya se había ilusionado con la vida dichosa, se presenta la muerte para recordarnos a todos que nada ha cambiado, que todo trabajo es trabajo inútil.

Ver la respuesta enviada por el Prof. José Flete Morillo. www.gnuasd.com